Conociendo 14 años de Sol en comunidad

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Conociendo 14 años de Sol en comunidad

Sábado, 8:45 de la mañana. Unas sesenta personas de distintas edades y procedencias -solas, en familia, en pareja, con algún amigo- van llegando a un autobús de línea para pasarse el día viendo paneles solares. Lo hacen, además, con la misma ilusión con la que se abordaba aquellas excursiones de fin de curso en el colegio. Los desconocidos se saludan, se sonríen, atienden a las indicaciones de quienes pasan lista y les van subiendo al autobús entre bromas. Podría sonar friki, ¿verdad? Gente que madruga en fin de semana para irse con otra gente a la que no conoce de nada a ver instalaciones solares fotovoltaicas. Y, sin embargo, fue un día profundamente emocionante.

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Esas sesenta personas congregadas en torno a un autobús eran ni más ni menos que nuestra comunidad, gente que lleva años participando en nuestras plantas solares fotovoltaicas recuperadas o propietarios de viviendas con autoconsumos de la Oleada Solar, y los paneles que iban a conocer eran aquellos mismos en los que están invirtiendo y que están sirviendo para generar energía limpia y con valores.

Una de las grandes ventajas de ser una organización de no lucro es no buscamos hacer negocio sino activar y conectar personas por un nuevo modelo energético. O, como nos gusta llamarlo desde ecooo, generar comunidad. Ese es nuestro objetivo y desde ahí cobraba su sentido la ilusionante excursión solar pedagógica de la que hoy queremos hablaros en nuestro blog.

La ruta solar

Una vez subidos al autocar nos dirigimos a la primera parada de nuestra particular ruta solar: el autoconsumo energético de Francisco Bermúdez, uno de los integrantes de la Oleada Solar. A la llegada a su vivienda, Francisco y su familia nos estaban esperando para abrirnos sus puertas de par en par, las de su casa y las de su generosidad. Mientras nuestra compañera Aurora Blanco iba explicando el funcionamiento de la tecnología solar fotovoltaica para autoconsumo en hogares y las características de las instalaciones que llevamos realizadas con la Oleada Solar, podíamos ver los paneles del hogar de Francisco, el discreto inversor ubicado en el garage y el resto de componentes que le sirven para generar energía sostenible. El interés de la comunidad era grande y pronto las preguntas y las conversaciones comenzaron a multiplicarse. ¡No todos los días se ve un autoconsumo energético en persona y funcionando! A fin de cuentas, cuando comenzamos a instalarlos con la Oleada Solar hace dos años y poco apenas había 160 en todo nuestro país.

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De vuelta al autobús, y una vez resueltas las curiosidades que fueron surgiendo respecto al recientísimo Real Decreto de autoconsumo, pusimos rumbo a la Villa de Don Fadrique, en la provincia de Toledo. Allí nos estaría esperando nuestro compañero Antonio Quijada para mostrarnos y explicarnos una de las plantas solares fotovoltaicas que tenemos socializadas. Cuando giramos las últimas curvas de las últimas calles de este pueblo castellano el asombro se apoderó de la expedición al ver desde el propio autobús la enorme huerta solar bajo el sol de un día radiante.

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Ver un autoconsumo de un particular es profundamente interesante, pero pasear entre los enormes paneles fotovoltaicos de una planta y hacerlo así, en familia, es una gozada. A las decenas de fotos les acompañaron el relato de Antonio explicando cómo se genera la energía, cómo se instalan esas grandes huertas, a dónde van a parar los electrones y, lo más relevante, cómo hacemos desde ecooo para que esa energía esté en manos de todas las personas y no en manos de unos pocos. Al interés del grupo y el juego de las niñas y los niños le acompañaba, de fondo, el rebaño de ovejas responsable de limpiar de mala hierba la planta.

Una celebración

De algún modo con esta excursión celebrábamos junto a nuestra comunidad los 14 años de confianza en nuestro proyecto compartido. Una confianza que se traduce en las 100 plantas solares fotovoltaicas socializadas que hemos alcanzado este mes. Plantas como la que acabábamos de visitar y que llenan de energía renovable la red de todos mientras se genera un beneficio económico ético para cada persona participante. 100 plantas, el vértigo y la emoción de las tres cifras, multiplicando el sol desde la economía social y solidaria. No es poco. 100 plantas de triunfo colectivo que avanzan por el camino de la revolución solar en este año 2019 clave para la transición hacia un nuevo modelo energético. Cuando a las niñas y a los niños que vinieron a la excursión les dio por usar a modo de capa la pancarta que habíamos escrito con la palabra “FUTURO” corriendo entre los paneles, algunas de las personas que trabajamos en ecooo nos mirábamos queriendo interpretar el guiño.

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Una vez pudimos sacarle todo el jugo a la visita a la planta solar volvimos al autobús y, tras la ruta solar, llegaron el viento, los molinos y el brindis. Como guinda de la excursión y aprovechando la proximidad, nos acercamos a visitar los conocidos molinos de viento de Consuegra, de resonancias cervantinas y algunos con más de 400 años de vida. Energía limpia al servicio del ser humano desde hace siglos. Allí, en medio de las imponentes construcciones de mampostería, madera, zinc y tela, tras la explicación de la niña Carmen enseñándonos su funcionamiento, era difícil no sentir la épica quijotesca de los gigantes. A fin de cuentas, participar en la revolución solar tiene algo de la heroicidad tierna y utópica de Don Quijote, de enfrentarse armados apenas con nuestros ideales a los poderosos gigantes que hacen de la energía un negocio. Somos Quijotes, sí, pero bien acompañados por Sanchos y Sanchas que saben poner tierra a nuestros vuelos para hacerlos realidad y ponerlos en marcha.

Comimos, brindamos y volvimos a casa entre concursos hasta que la siesta fue más fuerte que los premios. Al bajar del autobús había un cierto sabor a fin de campamento, ese que hace que las personas se den abrazos sinceros y que el tiempo haya pasado muy rápido de lo que gustaría. No, no había sensación en el ambiente de empresa energética que había llevado a sus clientes a conocer parte del negocio. No era definitivamente eso. Volvía a la estación de Atocha una comunidad que participaba de un proyecto común desde distintos esfuerzos, cada persona desde su trabajo o su inversión. Excursiones como esta nos sirven para constatar una vez más la gente tan valiosa que confía en nuestro proyecto compartido y que la palabra comunidad, en ecooo, no se queda en un eslogan con el que hacer marketing. Siempre emociona ver el fruto de tu trabajo, de tu inversión, de tu proyecto, pero hacerlo en común rodeado de todas las personas que lo hacen posible tiene un plus de maravilla.

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