Nuevo orden mundial por los recursos energéticos

09/02/26 | ENERGÍA

No todo vale por los recursos energéticos. Estamos asistiendo a la erosión del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, impulsado por una dinámica de acumulación y control de materias primas estratégicas. Las recientes tensiones geopolíticas en torno a Venezuela, Groenlandia o Colombia, junto con la ofensiva diplomática y militar estadounidense en la región, han puesto en jaque equilibrios que parecían consolidados. Ese orden respondía al marco de Naciones Unidas y al derecho internacional creado tras la II Guerra Mundial.

El presidente Donald Trump ha impulsado una política exterior que desatiende principios esenciales del derecho internacional recogidos en la Carta de las Naciones Unidas firmada en 1945. Uno de sus artículos centrales, el 2.4, establece que los Estados deben abstenerse de recurrir a la fuerza contra otros países y deben respetar su soberanía. Este marco se ha visto tensionado por operaciones y presiones a gran escala que se traducen como la lucha por los recursos energéticos fósiles. Frente a este sistema no nos representa,  Ecooo pone sobre la mesa una alternativa para la ciudadanía. Pero antes, hagamos un repaso de las tensiones recientes fruto de la administración Trump:

Venezuela: petróleo y poder

Más allá de la calidad de la democracia venezolana, cuestionada en distintas ocasiones por organismos internacionales y gobiernos como el de España, que expresó dudas sobre la limpieza de los procesos electorales; lo que sí ha sido ampliamente señalado es la ilegalidad de la injerencia y el uso de la fuerza. La presión internacional tiene un objetivo evidente que se dirige hacia los recursos energéticos de Venezuela, el país con mayores reservas probadas de petróleo del mundo.

Con el impulso de figuras de la oposición como Corina Machado (aunque apartada del nuevo orden político), Estados Unidos busca garantizar un control “indefinido” sobre la producción y comercialización del crudo, que pasaría por manos de grandes corporaciones privadas. Todo indica que no estamos ante un proceso genuino de democratización, sino frente a una operación destinada a asegurar el control de recursos fósiles que, paradójicamente, deberíamos estar dejando atrás si queremos afrontar con seriedad la transición energética.

Groenlandia: tierras raras y la nueva fiebre del Ártico

El siguiente punto de fricción asoma en el Ártico. Groenlandia (territorio autónomo que pertenece a Dinamarca) se perfila como un objetivo estratégico clave para, según el presidente estadounidense, la seguridad nacional. Desde Washington se han defendido abiertamente intereses privados sobre la isla más grande del planeta, donde se sabemos que bajo el hielo se encuentran importantes recursos energéticos y mineros. En una política que recuerda a la diplomacia del siglo XIX, Estados Unidos ha llegado incluso a plantear su compra, propuesta rechazada pero que refleja el apetito geopolítico por la zona y su obstinación por gestionar el territorio.

Groenlandia alberga abundantes tierras raras, metales preciosos y minerales estratégicos esenciales para la transición energética. Destacan reservas de neodimio, praseodimio, disprosio y terbio, elementos clave para baterías, turbinas eólicas y electrónica avanzada. Se abriría así una vía para el extractivismo y el desarrollo de tecnologías de materiales avanzados y nuevas soluciones de trazabilidad en la cadena de suministro. De nuevo, las grandes ganadoras parecen ser corporaciones estadounidenses privadas, incluidas startups orientadas a la IA, la automatización y comercio digital.

Colombia: recursos estratégicos y vieja narrativa de intervención

Por último, aunque no menos relevante, está Colombia. Tras la invasión de Venezuela, Trump señaló directamente al presidente colombiano Gustavo Petro, líder de izquierdas que no ha cedido ante presiones de Washington. Cabe recordar que Colombia es un país extraordinariamente rico en recursos como oro, carbón (del que es gran productor), petróleo, gas natural, esmeraldas, níquel, además de uno de los mayores recursos forestales, hídricos y suelos fértiles para la agricultura del continente. Todo esto la convierte en un actor clave para la transición energética y la bioeconomía del siglo XXI que el imperialismo quiere controlar.

Trump podría replicar en Colombia la narrativa ya utilizada en Venezuela y anteriormente en Iraq de “democratizar la región” y “combatir el narcotráfico”. Sin embargo, es curioso como este discurso convive con alianzas con dirigentes que arrastran sospechas de vínculos con el narcotráfico, como Noboa, Hernández, Uribe o Bukele. La energía, y los recursos para producirla, se revela como el epicentro de disputas, legitimidades y relatos que marcan la hegemonía del poder global.

La alternativa democrática: energía ciudadana

Frente a esta geopolítica del conflicto, existe un recurso en nuestras manos que es abundante, renovable y puramente democrático si se gestiona bien, el sol. Es ahora el garante de paz y estabilidad. Los sistemas fotovoltaicos y el autoconsumo comunitario ponen la energía en manos de la gente, permitiendo a las personas gestionar su propia producción. Un modelo que pone en el centro tu energía, tus recursos, tu gestión, tu democracia. Además, supone una rebaja significativa en la factura de la luz, y con plazos de amortización de la inversión que oscilan entre los 3 y 5 años.

En Ecooo Energía Ciudadana somos una cooperativa sin ánimo de lucro que llevamos dos décadas impulsando la transición energética justa mediante instalaciones de autoconsumo. Lideramos la transformación energética desde una perspectiva comunitaria, porque creemos en la energía en manos de la gente, en redes distribuidas y solidarias. Por eso, acompañamos todo el proceso y promovemos la creación de Comunidades Energéticas Locales. Lo que Ecooo representa es un compromiso con la democracia energética. ¿Te animas? Llámanos.