España atraviesa una de las campañas de incendios forestales más graves de los últimos años. Mientras miles de profesionales trabajan para contener las llamas y muchas personas sufren sus consecuencias, en las redes sociales se propaga otro incendio, el de los bulos sobre incendios forestales.
De repente, todo el mundo parece saber por qué arden los montes. Se culpa a las energías renovables, a la Agenda 2030, al ecologismo, a supuestas tramas mineras, a un inexistente «terrorismo incendiario» organizado e incluso a la Ley Trans.
Estos discursos no son inocentes, son al más puro estilo de Miguel Bosé. Desvían la atención de la falta de prevención, la precariedad de muchos dispositivos forestales, el abandono rural, la gestión insuficiente del territorio y el papel del cambio climático. Por eso, desde Ecooo hemos preparado este argumentario para responder con datos a seis de los bulos más repetidos.
«Queman los montes para instalar placas solares»
El bulo
Cada vez que se produce un gran incendio aparecen mapas, fotografías o proyectos energéticos cercanos para insinuar que el fuego se ha provocado con el objetivo de despejar el terreno y construir una planta fotovoltaica.
La realidad
Quemar un monte no facilita la instalación de una planta renovable. Más bien sucede lo contrario. El artículo 50 de la Ley de Montes prohíbe cambiar el uso forestal de un terreno incendiado durante un mínimo de 30 años.
Las excepciones son muy limitadas: el cambio tendría que estar previsto antes del incendio en un instrumento de planeamiento, contar previamente con una evaluación ambiental favorable o responder a razones de interés público de primer orden aprobadas mediante una ley y acompañadas de medidas compensatorias.
Además, las plantas fotovoltaicas no aparecen por arte de magia después de un incendio. Dependiendo de su tamaño, ubicación y afecciones, deben superar procedimientos energéticos, urbanísticos y ambientales. El fuego no elimina esos trámites, los estudios sobre biodiversidad ni las consultas públicas.
Respuesta corta
Quemar un monte no convierte automáticamente el terreno en suelo disponible para una planta solar. La ley protege su carácter forestal durante al menos 30 años y los proyectos renovables siguen necesitando autorizaciones y evaluación ambiental.
«La Agenda 2030 y los ecologistas no dejan limpiar los montes»
El bulo
Según esta teoría, una normativa llamada «Agenda 2030» impediría retirar vegetación, hacer cortafuegos o gestionar los montes. El ecologismo sería, por tanto, responsable de que se acumule combustible forestal.
La realidad
La Agenda 2030 no es una ley española, una directiva europea ni un reglamento que prohíba realizar trabajos forestales. Es un plan de acción aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2015 que establece objetivos internacionales relacionados con la sostenibilidad, la reducción de la pobreza o la protección de los ecosistemas. La Unión Europea lo ha incorporado como marco de referencia de sus políticas, pero no existe un artículo de la Agenda 2030 que prohíba «limpiar los montes».
La legislación española dice precisamente lo contrario. La Ley de Montes obliga a las comunidades autónomas a aprobar planes anuales de prevención, vigilancia y extinción aplicables durante todo el año. Esos planes deben incluir tratamientos selvícolas, áreas cortafuegos, vías de acceso, puntos de agua y los plazos para ejecutar los trabajos.
El problema no es que la ley impida actuar, sino que la prevención requiere planificación, presupuesto, personal estable y actuaciones adaptadas a cada ecosistema. Gestionar un monte tampoco significa arrasarlo o eliminar indiscriminadamente su vegetación. Significa reducir riesgos sin destruir la biodiversidad, conservar los suelos y crear paisajes más resistentes al fuego.
Respuesta corta
La Agenda 2030 no prohíbe gestionar los montes. La propia Ley de Montes obliga a realizar prevención durante todo el año. La pregunta no es si la ley permite actuar, sino si las administraciones destinan los medios suficientes para hacerlo.
«El 80 % de los incendios es terrorismo incendiario»
El bulo
Se mezclan tres conceptos diferentes (1) incendios de origen humano, (2) incendios intencionados y (3) terrorismo, hasta convertirlos en una única afirmación en la que la mayoría de los incendios serían obra de una organización o de grupos coordinados de pirómanos.
Esta confusión llegó al debate político cuando Alberto Núñez Feijóo afirmó en 2025 que el 80 % de los incendios eran intencionados y habló de «terrorismo incendiario». Los datos oficiales no respaldan esa equivalencia.
La realidad
Que un incendio tenga origen humano no significa que haya sido intencionado. Dentro de las causas humanas se incluyen accidentes, imprudencias, quemas agrícolas descontroladas, maquinaria que produce chispas, colillas, fallos eléctricos y otras negligencias.
La Fiscalía General del Estado distingue claramente entre incendios causados por negligencias o accidentes e incendios de origen intencionado. Entre los fuegos investigados en 2024, el 50,98 % se relacionó con negligencias o accidentes y el 24,18 % fue clasificado como intencionado. En 2023, los porcentajes fueron del 68 % y del 19 %, respectivamente.
Por tanto, no es lo mismo decir que un fuego ha sido causado por una actividad humana que afirmar que alguien quería quemar el monte. Y tampoco todo incendio intencionado puede calificarse como terrorismo: para hablar de terrorismo tendría que existir una finalidad política o una estrategia organizada que las estadísticas no demuestran.
Respuesta corta
Origen humano no significa intencionado, e intencionado no significa terrorismo. La mayor parte de los incendios investigados por la Fiscalía se relaciona con negligencias y accidentes, no con una supuesta trama organizada.
«Queman el monte para abrir minas»
El bulo
Después de algunos incendios empiezan a circular mapas de permisos de investigación minera o proyectos cercanos, presentados como prueba de que el fuego se provocó para facilitar la apertura de una explotación.
La realidad
La coincidencia geográfica no demuestra una relación causal. Un permiso, una solicitud o un proyecto dibujado sobre un mapa no prueba quién ha originado un incendio ni con qué finalidad. Tampoco existe un atajo legal por el que un terreno forestal quemado quede automáticamente disponible para una mina.
La Ley de Montes prohíbe durante al menos 30 años el cambio de uso forestal y las actividades incompatibles con la regeneración de la cubierta vegetal. Las posibles excepciones exigen requisitos previos, una justificación de interés público y medidas compensatorias; el incendio no elimina la legislación ambiental ni los procedimientos administrativos.
Para afirmar que un incendio concreto se provocó con una finalidad minera serían necesarias pruebas procedentes de una investigación policial o judicial. Una captura de pantalla con dos mapas superpuestos no lo es.
Respuesta corta
Quemar un monte no abre legalmente una mina. El suelo sigue protegido y cualquier proyecto necesita autorizaciones. Sin pruebas policiales o judiciales, hablar de una trama minera es una especulación.
«El cambio climático no tiene nada que ver porque los incendios los provocan personas»
El bulo
Este argumento parte de una falsa disyuntiva en la que o el incendio lo inicia una persona o es consecuencia del cambio climático. Como muchas igniciones tienen origen humano, se concluye que el calentamiento global no tiene ninguna relación con los grandes incendios.
La realidad
Una cosa es el origen de la chispa y otra el comportamiento del fuego. Una negligencia puede iniciar un incendio, pero la temperatura, la sequedad del combustible, la humedad, el viento y el estado de la vegetación determinan con qué velocidad se propaga, qué intensidad alcanza y si los equipos de extinción pueden controlarlo.
Una investigación publicada en 2025 en npj Climate and Atmospheric Science, del grupo Nature, analizó grandes incendios de la península ibérica y concluyó que el cambio climático ha incrementado la energía liberada y la intensidad de algunos fuegos. Los incendios más energéticos pueden generar columnas convectivas y nubes de fuego, desarrollar comportamientos caóticos y superar la capacidad de control de los dispositivos de extinción.
Por eso, decir que una persona inició el fuego no contradice que el cambio climático lo haya hecho más rápido, intenso y difícil de apagar. Una chispa puede ser la causa inmediata; las condiciones climáticas determinan si esa chispa se queda en un conato o se convierte en una catástrofe.
Respuesta corta
El cambio climático no tiene que encender la cerilla para agravar un incendio. Hace que la vegetación esté más seca y favorece fuegos más intensos, rápidos y difíciles de controlar.
«No hay bomberos por culpa de la Ley Trans»
El bulo
En plena emergencia ha vuelto a circular un vídeo de José Luis Martínez-Almeida en el que atribuía a la Ley Trans la falta de incorporación de 126 bomberos y 60 conductores especialistas.
La realidad
El vídeo es real, pero no es actual. Las declaraciones se realizaron el 8 de septiembre de 2025 y se referían a un proceso selectivo del cuerpo municipal de bomberos del Ayuntamiento de Madrid. No hablaban de los bomberos forestales de la Comunidad de Madrid ni explican los problemas actuales de los dispositivos forestales.
Las reivindicaciones de los bomberos forestales madrileños se relacionan con sus categorías profesionales, sus contratos, sus condiciones laborales, la falta de medios y el reconocimiento efectivo de su trabajo como personal de extinción. Vincular este conflicto a las personas trans sirve para desviar la conversación y convertir un problema laboral y de gestión pública en una guerra cultural.
Respuesta corta
El vídeo se refería al cuerpo municipal de bomberos y a un proceso selectivo de 2025, no a los bomberos forestales de la Comunidad de Madrid. Sus problemas reales son laborales, organizativos y materiales, no tienen que ver con la Ley Trans.
Frente al fuego, menos bulos y más prevención
Los incendios forestales son fenómenos complejos. Intervienen las causas de ignición, la crisis climática, el abandono del territorio, los cambios en los usos del suelo, la continuidad de la vegetación, la pérdida de actividades rurales, la planificación forestal y los recursos disponibles para prevenir y extinguir.
Reducir todo eso a una conspiración contra la Agenda 2030, a una trama de pirómanos o a una guerra contra las energías renovables impide hablar de las soluciones que necesitamos: dispositivos estables durante todo el año, mejores condiciones laborales, gestión forestal adaptada a cada territorio, recuperación del medio rural, educación ambiental, investigación científica y una reducción urgente del uso de combustibles fósiles.
En medio de un incendio, la desinformación también quema. Y frente a ella, la mejor herramienta sigue siendo la misma: datos, ciencia y políticas públicas que sitúen la prevención y el cuidado del territorio en el centro.

