Que a 2 de junio en España estemos con máximas de 38 grados en algunos lugares centrales de la península es otro de los muchos avisos que estamos recibiendo, desde hace tiempo, de que la situación climática es preocupante. La crisis climática no ha hecho más que empezar. España, por su situación, es unos de los países más vulnerables a las consecuencias de esta crisis climática. Por ello se hace más necesario que nunca el celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente, que para muchos ecologistas como broma política es el día del ambiente entero.

Últimamente con esperanza y agrado vemos que se producen movimientos muy esperanzadores e interesantes en la sociedad civil mundial, como los “Viernes por el Clima”. Jóvenes europeas y europeos han imitado la preciosa iniciativa de Greta Thunberg de apostarse todos los viernes ante el parlamento de Suecia para exigir al gobierno sueco medidas urgentes para controlar la crisis climática. A este movimiento se van sumando otros grupos sociales y colectivos. También vemos cómo algunos gobiernos van introduciendo en sus programas y agendas algunas medidas para mitigar y paliar los efectos del cambio climático. Aunque, para nuestro pesar, de momento medidas o reformas no muy profundas y desde luego no suficientes.

La responsabilidad de la lucha contra la crisis climática es global. Todas y todos tenemos que tomar conciencia de lo que supone un día normal en nuestra forma de vivir y consumir. Está genial que exijamos a los gobiernos y políticos que tomen medidas y que hagan leyes pero, al final, somos cada una de nosotras los que tomamos las decisiones en nuestro día a día. Como individuos tenemos que parar un poquito. De nada sirve exigir que se hagan leyes contra la crisis climática si luego consumimos sin parar y sin conciencia. Todo está conectado, vivimos en red, y los atentados ecológicos se llevan cometiendo desde la revolución industrial en aras del consumo. Lo que en occidente se consume se genera de la extracción y destrucción en muchísimos lugares, básicos para la vida, alrededor del mundo.

Para mitigar los efectos de la crisis climática, en Arriba las Ramas, como en muchas asociaciones y colectivos ambientalistas, nos mueve la recuperación de espacios degradados por la acción humana con bosques autóctonos. En el discurso ecologista más institucionalizado, la reducción de emisiones de CO2 es el principal motor de la lucha. Desde Arriba las Ramas proponemos que además de reducir o eliminar emisiones en el ámbito más industrial, se puede reducir emisiones, fijar el CO2, e incluso compensarlas con la plantación de bosques autóctonos. Por eso nos juntamos con Ecooo en la campaña Savia Solar. Aunamos la reducción de emisiones y la generación de energía limpia y ética, mediante la recuperación de una planta solar fotovoltaica, con la compensación de CO2 y la compensación de emisiones, por medio de la creación de bosques autóctonos.

No nos vamos a cansar de recordar que todas las plantas en general, y los bosques en particular, fijan CO2 en sus tejidos y en el suelo. Absorben metales pesados en suspensión del aire contaminado, atraen lluvia, protegen el suelo y la humedad del mismo, lo sujetan y lo nutren, reducen el ruido y regulan las temperaturas más extremas, funcionan como perfectos aires acondicionados – todo el mundo sabe que las zonas arboladas, en verano son más fresquitas-. Es importante poner de relieve que la reducción de emisiones desde distintos enfoques, así como la plantación y recuperación de espacios arbolados no es incompatible. Se puede hacer todo a la vez. Por ello animamos a todo el mundo a que planten plantas autóctonas en lugares cercanos a su vivienda, donde antes hubiese plantas. Como dice uno de nuestros sabios referentes, Francis Hallé, si cada humano planta un árbol, cada uno de los 7000 millones de humanos que habitamos la tierra, la crisis climática se acaba. Nosotras de la mano de las socias y de Ecooo con Savia Solar caminamos en esa dirección. ¡Mucho ánimo, energía (solar, ética y limpia) y alegría!

Ubuntu, si ganas tú, ganamos todas.

¡Arriba las Ramas!

Natxo Blanchart López