Por Borja Izaola

El pasado 5 de marzo se celebró el Día Mundial de la eficiencia energética y, una vez más, queremos remarcar la necesidad de ahorrar energía y ser lo más eficientes posible como herramientas para mitigar las consecuencias del cambio climático pero también como parte de la concienciación colectiva. En nuestro país, además, nos encontramos en un período de gran actividad legislativa. Estamos pendientes de la aprobación del Regamento que detalle la aplicación del RD 15/2018 sobre Autoconsumo; el 13 de marzo, concluyó el periodo de consulta pública sobre la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2019-2024, cuya aprobación se anuncia para antes de las elecciones nacionales convocadas para el próximo 28 de abril; y el sector fotovoltaico se prepara para el Primer Congreso Nacional de Autoconsumo, a finales de junio. Por tanto, es el momento de elegir bien la energía que queremos consumir: ¿continuamos quemando combustibles fósiles (que hace algún tiempo crecieron al sol) o aprovechamos la energía solar diaria que está a nuestro alcance?

Si has instalado fotovoltaica en tu tejado, ya has hecho una buena elección, comenzando a generar tu propia electricidad procedente de una fuente renovable. Además, podríamos ir un paso más allá y, según las transformaciones que la actualidad nos depara, te has convertido en un(a) “prosumidor(a)”; es decir, no sólo consumes, también produces parte de la energía que consumes. Como con cualquier otro electrodoméstico, desarrollas una relación con tu instalación de autoconsumo fotovoltaico: miras cuánta electricidad está produciendo un rato de sol; comparas la última factura con las anteriores a la instalación; cambias, por ejemplo, el hábito de poner el lavavajillas por la noche, o te planteas cómo reducir un poco más tu demanda.

Para quienes no tenemos ¡aún! fotovoltaica, imaginar los aparatos que tenemos enchufados a lo largo de todo el día, de 00:00 a 23:59, dibuja la silueta del elefante del Principito: muy baja por la noche, con poco más que la nevera encendida (en la mayoría de los hogares), que sube con las luces del baño, el desayuno, la radio y algún pequeño quehacer matutino; vuelve a bajar hasta la hora de comer si no queda nadie en casa; y si volvemos a comer, sube de golpe con la vitrocerámica, la nevera que salta, la batidora, el televisor, etc.; volviendo a bajar mientras termina el lavavajillas; y repitiéndose la ola por la tarde, con la cena, más luces, etc. Mientras tanto, el sol (si no está muy nublado), ha dibujado una parábola perfecta, plana toda la noche y con su punto álgido a mediodía.

La magia del autoconsumo consiste en redibujar nuestra curva de consumo diario lo más parecida posible a la parábola del sol, es decir, llevar nuestros consumos a la zona alta entorno a mediodía, cuando más electricidad está produciendo nuestra instalación. Esto es posible, aunque trabajemos fuera de casa, comamos en nuestro puesto de trabajo o seamos noctámbulas. Puedes enchufar los aparatos de más consumo a una regleta, a su vez enchufada a un temporizador, que activas en esas horas álgidas. Así, por ejemplo, el termo, los cargadores, la lavadora, etc., funcionarán sólo con el sol. Claro que significa, también, reconsiderar la tarifa de electricidad contratada. En el caso de aquella con discriminación horaria, ahora tienes, en medio del periodo pico, un oasis de electricidad disponible, de manera gratuita, procedente de tu instalación de autoconsumo.

Hay otra elección que a menudo pasa desapercibida. Si el sol no se toma vacaciones, ni fines de semana libres, ¿cómo podemos aprovechar esa energía que estamos produciendo? Puedes programar el temporizador para que active por ti consumos de mantenimiento del hogar, aunque estés fuera de casa, porque el sol también estará generando electricidad el domingo por la mañana o el día de escapadita al monte o la playa. Pero la elección es reducir tu demanda, reducir tu huella ecológica, apurar el watio. La elección es no caer en la paradoja de Jevons, evitar el efecto rebote de pensar que, como la energía nos sale más barata, podemos consumir más.

Te propongo que pienses cómo tu instalación de autoconsumo se puede convertir en tu mejor aliada porque, ¿no te acompaña todo el día durante las horas de sol? ¿no te enseña a ser más eficiente y sostenible? ¿no te abarata la factura de la luz al final de cada mes? ¿no te garantiza 30 años de fidelidad y de energía renovable? Si (aún) no prosumes energía solar, es el momento, ¡ni la yogurtera de tu madre te va a dar tantas alegrías!

Y, para que tengas algunos consejos para sacarle el máximo partido a tu instalación de autoconsumo fotovoltaico, ¡dentro vídeo!

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