Nada nos obliga a esperar de brazos cruzados.

Cuaderno de bitácora. Lavapiés. Madrid. 18/01/2019. 17:01 pm.

Esta semana comenzaba con la inesperada noticia de que el barco de rescate de la organización Open Arms, preparado para zarpar desde Barcelona, se quedaba inmovilizado en el puerto por orden del Gobierno. Unas cuestiones técnicas (supuestas irregularidades que el barco habría cometido al no llevar a las personas rescatadas a lo que la Unión Europea considera puertos seguros pero que, de hecho, no lo son) justificaban la decisión del Ejecutivo que prefería enfrentarse a la ONG que a los Estados de la unión que incumplen con sus compromisos de acogida. Cuando nos sentamos a escribir estas líneas en nuestro cuaderno de bitácora el barco sigue amarrado en el muelle mientras decenas de personas se siguen lanzando desesperadas al mar. Personas que no serán rescatadas por una cuestión técnica discutida por multitud de juristas.

No es fácil ser parte de la solución en estos tiempos. Supone poner el cuerpo y arriesgarte a situaciones como esta y aún más complejas. Tanto es así que, en sospechosa relación con la situación del Open Arms, el Aita Mari, el barco de rescate de Salvamento Marítimo Humanitario al que apoyamos desde #EnciendeRefugio, acaba de ser bloqueado también en el puerto de Pasaia a causa de unos permisos que se supone que tenían que haberles dado esta semana. Exactamente el mismo caso que el Open Arms y en la misma semana. Vamos a 8 muertos por día en el Mediterráneo en lo que va de año. Les ahorro el cálculo: 88 en total. El tiempo, como dicen desde SHM, ahoga y este inesperado bloqueo en plena tarde de viernes (habrá que esperar todo el fin de semana para que vuelvan a abrir las oficinas que dan los permisos de navegación) supone un duro revés para la misión de rescate.

Pareciera como que hay un interés real por dificultar las tareas de quienes responden ante los retos que nos pone este tiempo encima de la mesa. Como dicen desde Salvamento Marítimo Humanitario, tenemos “un barco preparado, una tripulación lista, cadáveres en las costas libias y sin poder soltar amarras”. Hay momentos en los que el absurdo y la ilógica se tornan en clara y evidente injusticia.

Es precisamente en estos momentos en los que nos toca dar la talla como ciudadanía y dar el apoyo y el soporte que necesitan quienes se atreven a lanzarse a la primera línea del conflicto. Una de ellas es, sin duda, ofreciendo el apoyo moral que sin duda agradecen. Otra es replicar todo lo que podamos esta noticia y dar cobertura a los compañeros de Salvamento Marítimo Humanitario en redes sociales. Otra es implicarse directamente en el problema que tratan de atajar. No quedarse quietos.

Con #EnciendeRefugio ofrecemos esa posibilidad a toda la ciudadanía consciente que no quiera quedarse quieta. Con las participaciones en la planta solar fotovoltaica que hemos adquirido para este proyecto conseguimos activar energía renovable que reduce los motivos por los que millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares cada año. Además, parte de los beneficios de la venta de la energía eléctrica de esta planta en concreto van destinados a las labores de rescate del Aita Mari. Una forma directa de actuar ante las causas y las consecuencias de los procesos migratorios forzosos debidos a nuestra forma de producir y consumir energía.

Lo explicaban claramente esta semana en el programa de radio Contraparte, de Onda Cero, nuestros compañeros Daniel Rivas (Salvamento Marítimo Humanitario) y Miguel Ángel Vázquez (ecooo). Puedes escuchar el programa, que no tiene desperdicio, pinchando aquí.

Parece que toca esperar a que zarpe nuestro Aita Mari rumbo al Mediterráneo para salvar vidas. Pero nada nos obliga a esperar de brazos cruzados. Hagamos de esta espera una espera activa que ayude en la transformación del modelo que genera la crisis humanitaria a la que se ven abocadas las personas migrantes. No se nos ocurre mejor manera de apoyar y ser parte de la solución frente a la inacción (o la dificultación) de los gobiernos europeos.

Miguel Vazquez

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