Contra la criminalización de los barcos de rescate.

Según la European Union Agency for Fundamental Rights (FRA) se estima que a lo largo del año pasado murieron ahogadas en el mar Mediterráneo 2.299 personas cuando intentaban llegar a nuestras costas huyendo de la guerra, la persecución o la destrucción ambiental de su territorio. Personas buscando un futuro mejor que pierden la vida ante la indiferencia de los gobernantes europeos. Vidas perfectamente salvables (a razón de 6 al día según la estadística) que se pierden por la omisión de socorro.

Es una cifra que, lejos de menguar, crece debido a la criminalización de la ayuda. Desde que a mediados de 2017 algunos Estados europeos comenzasen a prohibir atracar en sus puertos a los barcos de rescate de las ONG esta tendencia no ha hecho más que expandirse hasta llegar al punto en el que durante gran parte de 2018 ninguna de estas embarcaciones navegaban nuestro mar común. Prohibiciones de atracar y prohibiciones de levar anclas, como la que realizó a principios de este año el gobierno de nuestro país al Aita Mari, el barco de rescate de Salvamento Marítimo Humanitario.

Las crifras de la criminalización del socorro son alarmantes e increíbles en un momento de crisis humanitaria que no cesa. No ha bajado el número de personas desesperadas tratando de llegar a nuestras costas ni se han reducido las causas que las obligan a desplazarse a la fuerza. Desde ahí se entiende menos que, según los datos de la FRA, de los 22 barcos de rescate impulsados por distintas ONG, cinco estén bloqueados en sus puertos, nueve tengan procesos penales y administrativos abiertos y seis no estén operativos por las amenazas que recaen sobre ellos. Solo dos, el Alan Kurdi y el Mo Chara, han tenido algo de actividad a lo largo de este año.

Como señala Dunja Mijatović, la Comisaria de Derechos Humanos del Consejo de Europa, “la urgencia para actuar es evidente. Desde 2014, miles de seres humanos han muerto en el mar Mediterráneo cuando intentaban llegar a una costa segura después de huir de la guerra, la persecución y la pobreza. A pesar de esto, las operaciones de búsqueda y salvamento de los Estados se han reducido; la Unión Europea y los Estados europeos individuales continúan externalizando los controles fronterizos a terceros países con malos registros sobre los derechos humanos; y las ONG que llenaron el vacío dejado por la retirada de los Estados en la aportación de asistencia humanitaria han sido acosadas con procedimientos administrativos y judiciales”.

Para la Comisaria, “varios Estados han adoptado leyes, políticas y prácticas contrarias a sus obligaciones legales de garantizar operaciones efectivas de búsqueda y salvamento, el desembarque rápido y seguro y tratamiento de las personas rescatadas, así como para la prevención de la tortura y de tratos inhumanos o degradantes La protección efectiva de los derechos humanos de los refugiados, solicitantes de asilo y migrantes, en tierra y en el mar, siempre debe prevalecer sobre cualquier dilema político o incertidumbre que la interacción de diferentes regímenes legales, prácticas y políticas pueda causar”.

Y, mientras tanto, las causas que provocan los desplazamientos forzosos siguen ahí, siendo nuestro modelo energético una de las más relevantes. De nuestra forma de generar y consumir energía depende el mayor número de personas que se ven obligadas a partir de sus hogares en busca de refugio. El cambio climático (causado por la acción del ser humano) ya moviliza anualmente a 21 millones de personas, según ACNUR. A esta cifra hay que sumarle aquellas personas que huyen de guerras derivadas de la pugna por las materias primas energéticas, las que tienen que abandonar sus tierras por la construcción de grandes infraestructuras o las que son víctimas de la contaminación y los accidentes en las centrales de energía no renovable (Chernobil, Fukushima…).

Por eso, desde Enciende Refugio queremos reivindicar especialmente hoy, Día de las Personas Refugiadas, que hay otra forma de hacer las cosas, que se puede activar un modelo energético que sea limpio, no acelere el cambio climático y respete los derechos humanos y a las comunidades. Y, mientras eso llega, nuestra campaña quiere seguir financiando la actividad del barco de rescate Aita Mari para que pueda realizar su actividad imprescindible salvando vidas y salvando, al mismo tiempo, la dignidad de esta Europa asustadiza y responsable de lo que sucede en el Mediterráneo.

No lo pienses más. No hay mucho más tiempo que perder. Entra en encienderefugio.org y, con un único gesto, recupera una planta solar fotovoltaica que genere energía limpia mientras apoyas económicamente al imprescindible Aita Mari. A quienes llegan pidiendo futuro les va la vida en ello.

Miguel Vazquez

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