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Miguel Vazquez

Nada nos obliga a esperar de brazos cruzados.

By | Salvamento Marítimo Humanitario | No Comments

Cuaderno de bitácora. Lavapiés. Madrid. 18/01/2019. 17:01 pm.

Esta semana comenzaba con la inesperada noticia de que el barco de rescate de la organización Open Arms, preparado para zarpar desde Barcelona, se quedaba inmovilizado en el puerto por orden del Gobierno. Unas cuestiones técnicas (supuestas irregularidades que el barco habría cometido al no llevar a las personas rescatadas a lo que la Unión Europea considera puertos seguros pero que, de hecho, no lo son) justificaban la decisión del Ejecutivo que prefería enfrentarse a la ONG que a los Estados de la unión que incumplen con sus compromisos de acogida. Cuando nos sentamos a escribir estas líneas en nuestro cuaderno de bitácora el barco sigue amarrado en el muelle mientras decenas de personas se siguen lanzando desesperadas al mar. Personas que no serán rescatadas por una cuestión técnica discutida por multitud de juristas.

No es fácil ser parte de la solución en estos tiempos. Supone poner el cuerpo y arriesgarte a situaciones como esta y aún más complejas. Tanto es así que, en sospechosa relación con la situación del Open Arms, el Aita Mari, el barco de rescate de Salvamento Marítimo Humanitario al que apoyamos desde #EnciendeRefugio, acaba de ser bloqueado también en el puerto de Pasaia a causa de unos permisos que se supone que tenían que haberles dado esta semana. Exactamente el mismo caso que el Open Arms y en la misma semana. Vamos a 8 muertos por día en el Mediterráneo en lo que va de año. Les ahorro el cálculo: 88 en total. El tiempo, como dicen desde SHM, ahoga y este inesperado bloqueo en plena tarde de viernes (habrá que esperar todo el fin de semana para que vuelvan a abrir las oficinas que dan los permisos de navegación) supone un duro revés para la misión de rescate.

Pareciera como que hay un interés real por dificultar las tareas de quienes responden ante los retos que nos pone este tiempo encima de la mesa. Como dicen desde Salvamento Marítimo Humanitario, tenemos “un barco preparado, una tripulación lista, cadáveres en las costas libias y sin poder soltar amarras”. Hay momentos en los que el absurdo y la ilógica se tornan en clara y evidente injusticia.

Es precisamente en estos momentos en los que nos toca dar la talla como ciudadanía y dar el apoyo y el soporte que necesitan quienes se atreven a lanzarse a la primera línea del conflicto. Una de ellas es, sin duda, ofreciendo el apoyo moral que sin duda agradecen. Otra es replicar todo lo que podamos esta noticia y dar cobertura a los compañeros de Salvamento Marítimo Humanitario en redes sociales. Otra es implicarse directamente en el problema que tratan de atajar. No quedarse quietos.

Con #EnciendeRefugio ofrecemos esa posibilidad a toda la ciudadanía consciente que no quiera quedarse quieta. Con las participaciones en la planta solar fotovoltaica que hemos adquirido para este proyecto conseguimos activar energía renovable que reduce los motivos por los que millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares cada año. Además, parte de los beneficios de la venta de la energía eléctrica de esta planta en concreto van destinados a las labores de rescate del Aita Mari. Una forma directa de actuar ante las causas y las consecuencias de los procesos migratorios forzosos debidos a nuestra forma de producir y consumir energía.

Lo explicaban claramente esta semana en el programa de radio Contraparte, de Onda Cero, nuestros compañeros Daniel Rivas (Salvamento Marítimo Humanitario) y Miguel Ángel Vázquez (ecooo). Puedes escuchar el programa, que no tiene desperdicio, pinchando aquí.

Parece que toca esperar a que zarpe nuestro Aita Mari rumbo al Mediterráneo para salvar vidas. Pero nada nos obliga a esperar de brazos cruzados. Hagamos de esta espera una espera activa que ayude en la transformación del modelo que genera la crisis humanitaria a la que se ven abocadas las personas migrantes. No se nos ocurre mejor manera de apoyar y ser parte de la solución frente a la inacción (o la dificultación) de los gobiernos europeos.

Una tripulación llena de vidas

By | Salvamento Marítimo Humanitario | No Comments

Cuaderno de bitácora. Puerto de Pasaia. Gipuzkoa. 14/XII/2018. 10:40 am

Cuando llegamos, un txirimiri con cierto regusto a salitre nos va empapando el pelo de manera casi imperceptible, lentamente. El aire fresco del norte nos recibe como una caricia larga en la cara según nos acercamos al astillero. Temblamos de frío y de emoción. Frente a nosotros, el barco. El Aita Mari. La embarcación pesquera que la gente de Salvamento Marítimo Humanitario ha modificado para que, a partir del próximo mes de enero, pueda rescatar vidas de personas migrantes en el Mediterráneo. El mismo barco que hemos visto en fotos e imaginado mientras diseñábamos la campaña de Enciende Refugio. El símbolo principal. El icono de una lucha.

Nos recibe al borde del puerto el que será nuestro cicerone en esta experiencia: Daniel Rivas, de SMH. Con la torpeza de quienes sólo somos lobos de mar en nuestra fantasía pasamos a la cubierta del barco con cuidado de no escurrirnos. Con respeto de astronauta. Allí Daniel nos cuenta cómo era el barco cuando se hicieron con él y el porqué de las principales modificaciones: un espacio ganado para enfermería, una bodega amplia para mantas y ropa, el lugar donde estarán a cubierto las personas que consigan rescatar… Según lo va explicando nuestra imaginación nos transporta a esos mismos espacios llenos de gente en busca de una vida mejor recién escapados de una muerte segura en el mar. Vibramos.

 

Nos cuenta Daniel que el barco se llama Aita Mari (Papá Mari) en honor a José María Zubía, un pescador guipuzcoano del siglo XIX que llegó a ser muy conocido y querido por los heroicos salvamentos de compañeros pescadores que realizó atravesando dos terribles galernas. La segunda, una vez hubo rescatado a todos los náufragos, se lo llevó para siempre a causa de un golpe de mar. Las tablas del barco se llenan de historia pasada, presente y, según avanzamos en la conversación de los preparativos de su partida en enero, futura.

En esto saltan a cubierta el capitán de la nave, Marco, y el primer oficial, Juan, y, tras lanzar al puerto un paraguas apoyado en el costado de estribor –“¿Pero quién mete un paraguas en un barco? ¡Eso da mal fario!”- las historias se llenan de nombres y de vidas. Ambos han participado en varias operaciones de salvamento con otras organizaciones y en otros barcos y sus miradas reflejan la responsabilidad y el hastío de quienes están respondiendo como humanidad ante quienes los gobiernos no responden. Nuestra vibración ahora se contagia de una sensación grande de injusticia.

Cada anécdota compartida por Marco y por Juan es un reflejo de un sistema migratorio absurdo e injusto, un diseño vaciado no sólo de empatía sino de cualquier lógica. Ambos han sido detenidos en puertos, han sido encañonado por los guardacostas libios, han visto cómo no les querían recibir en ningún país dejándoles a su suerte en el mar. Pero, más allá de eso, estas dos personas comprometidas de la sociedad civil, han tenido que ver y escuchar historias descarnadas de personas que lo único que quieren es huir del infierno del que parten. Historias del mar pero, muy especialmente, del proceso de años que sufren hasta que consiguen llegar a una patera que les intente acercar a Europa. Historias de violencia, de hambre, de torturas, de mutilaciones, de violaciones, de autolesiones para evitar ser vendidos como esclavos… Historias que no refleja la imagen de la patera flotando en el mar pero que están ahí. Historias que nos revuelven y nos ponen un nudo en la garganta incluso a las personas que tenemos conocimiento de estas realidades. Es imposible acostumbrarse a determinadas injusticias. “Yo tengo familia”, nos dice el capitán, “¿Cómo te crees que me siento cuando me cuentan sus historias niños de 9 años?”.

Con todo, y frente a toda esta oscuridad, la seguridad de seguir haciendo lo que es correcto. “Nosotros obedecemos a las leyes del mar, que tienen miles de años, y las leyes del mar nos dicen que estamos obligados a rescatar náufragos”. Una seguridad que aporta esperanza. Una esperanza que convoca.

Enfrascados en estas conversaciones en la cantina, mientras Miguel el cocinero guisa unas alubias, casi nos olvidamos del motivo por el que estamos a bordo de ese barco: ¡La rueda de prensa de lanzamiento de Enciende Refugio! Algunos periodistas ya están fuera esperando y, en ese clima al que nos hemos transportado, salimos a la cubierta de popa para atenderles. Llevamos encima todas las olas, todas las singladuras y todos los chalecos naranjas que acabamos de compartir. Nos rodean las vidas y las vivencias que, en apenas una hora, nos han regalado. Se encienden las cámaras. Hablamos.

Sin duda la visita al Aita Mari ha sido un punto de inflexión en esta campaña de Enciende Refugio. Conocer a su tripulación y recorrer el barco que en menos de un mes estará salvando vidas en el Mediterráneo pone cuerpo, pone realidad, a una propuesta necesaria.

Apostando decididamente por otro modelo energético autóctono, sostenible y en manos de las personas se podrían evitar millones de desplazamientos forzosos. La contaminación, los efectos del cambio climático, las guerras para saquear materias primas energéticas o la construcción de grandes infraestructuras en suelos comunitarios obligan a abandonar sus hogares a personas que no tendrían por qué hacerlo. Es evitable y hay alternativas. Enciende Refugio, a través de la activación y socialización de una planta solar fotovoltaica que dé parte de los beneficios de la venta de la energía a Salvamento Marítimo Humanitario, quiere ser una herramienta que transforme las causas de esas migraciones forzosas mientras apoya a quienes están poniendo el cuerpo en atender a las consecuencias.

Todas las personas que vemos una injusticia en esas vidas flotando en el mar podemos hacer algo. Como Daniel, Marco, Juan o Miguel no estamos obligadas a quedarnos de brazos cruzados mientras esta crisis humanitaria no para de crecer. Ellos zarparán en enero para salvar a todas las personas que puedan. Nosotras desde hoy mismo podemos encender refugio.

 

*La fotografía destacada es cedida por Lobo Altuna, del Diario Vasco

Enciende Refugio se sube al Aita Mari

By | Salvamento Marítimo Humanitario | No Comments

Este viernes 14 vamos a lanzar oficialmente Enciende Refugio y el marco que hemos elegido para la presentación no puede ser más evocador ni más acorde a los fines de la campaña. Nos subimos al Aita Mari, el barco de rescate que Salvamento Marítimo Humanitario lanzará al Mediterráneo para seguir salvando vidas migrantes gracias, entre otros, al apoyo de Enciende Refugio.

Participaremos integrantes de ambas organizaciones, tanto de ecooo como de SMH, para visibilizar la profunda relación entre nuestros usos y consumos de la energía y los millones de desplazamientos forzosos que se dan cada año en el mundo.

Tanto ecooo revolución solar como Salvamento Marítimo Humanitario ponemos nuestro acento en la activación de la sociedad civil para lograr nuestras metas. Desde ecooo con la implicación de la ciudadanía para poner en marcha un nuevo modelo energético y desde Salvamento Marítimo Humanitario a través de los apoyos que han ido recabando para poder botar su barco de rescate y que tenga los permisos necesarios para ejercer su imprescindible labor.

Es por eso que esta campaña quiere apelar directamente a las personas de la sociedad civil que están dando la cara en la mayor crisis humanitaria europea desde la II Guerra Mundial ante la inacción de la mayoría de los gobiernos. Es esa ciudadanía activa que quiere ser parte de la solución la que inspira la propuesta de Enciende Refugio. No todo el mundo puede realizar la admirable labor de embarcarse en una ruta de rescate en el Mediterráneo, pero si podemos apoyar a quien lo hace mientras cambiamos nuestra forma de producir y consumir energía, causa de esos desplazamientos.

Nuestro modelo energético está profundamente relacionado con las causas de cientos de miles de desplazamientos forzosos al año a lo largo de todo el mundo. Según ACNUR, más de 21,5 millones de personas huyen anualmente de sus países por causas relacionadas con el clima, una cifra que puede llegar hasta los 100 millones de aquí a un par de décadas si no se pone remedio. Un número este que supera de largo al de las personas que salen de su tierra en busca de refugio a causa de las guerras. Todo debido a un modelo energético contaminante y poco democrático que basa su producción en materias primas fósiles que son extraídas en su mayor parte de terceros países.

Este modelo afecta a los desplazamientos forzosos principalmente desde cuatro perspectivas. Por un lado, están las personas que tienen que huir de su tierra por las guerras derivadas por la pugna de las materias primas en sus países. Por otro tenemos todas las que huyen debido a las consecuencias más evidentes del cambio climático producido por el ser humano, tales como la desertización, las sequías, el aumento del nivel del mar o las catástrofes naturales. También son destacables los casos en los que pueblos enteros tienen que abandonar sus territorios históricos debido a la construcción de grandes infraestructuras energéticas en su zona.

Por último, y no menos relevante, la contaminación ambiental generada en las fases de extracción de recurso energético, en el transporte, en la fase de explotación o en el tratamiento de los residuos (tierras inservibles tras la extracción con metodologías de fracking, o arenas bituminosas; vertidos de hidrocarburos en costas y ríos…) así como los accidentes como los acontecidos en Chernóbil, Fukushima o en el oleoducto de Exxon en Nigeria, obligan a miles de familias a abandonar sus hogares en ambos hemisferios quizá para siempre.

Apostar por un nuevo modelo energético limpio, distribuido y autóctono es una forma de evitar los desplazamientos forzosos de personas en todo el mundo. Una forma coherente de unir dos luchas, la energética y la humanitaria, que están íntimamente relacionadas.

Por eso este viernes Enciende Refugio se embarca en el Aita Mari para levantar una bandera ciudadana en la defensa de los Derechos Humanos y por un planeta más vivible para todas las personas y los seres que lo habitan.

Nos hacemos a la mar. ¿Te embarcas con nosotrxs?